martes, 27 de octubre de 2009

Tony Blair ¿Presidente europeo?


Ahora que parece que la república Checa está dispuesta a aprobar el tratado de Lisboa y tendremos Europa para rato, se comienza a plantear la duda de quien o quienes podrían aspirar a la candidatura de la presidencia de la Unión Europea.

En el plazo de unas semanas los líderes europeos estarán muy ocupados discutiendo sobre las distintas posibilidades, organizando reuniones y moviendo nombres de aquí para allá, en definitiva, jugando sus cartas.

La del Reino Unido parece ser la de presentar a Tony Blair como candidato para presidente europeo, algo que ya está trayendo cola tanto fuera como dentro del país. La mera posibilidad de que el señor Blair, que trajo la división a Europa con la guerra de Irak y proviene de un país para nada europeísta, se convierta en el presidente de la Unión, pone los pelos de punta a más de uno.

Y yo me pregunto, ¿importa el pasado político de un líder más que la formación personal y profesional con la que ostenta el poder? No quiero decir que lo primero no sea importante, pero por lo general solemos darle demasiadas vueltas a lo que pudo pasar y no pasó o, en este caso, a lo que no debió pasar nunca pero desgraciadamente ocurrió. Con esas ideas, decidimos muchas veces nuestro voto, sin pararnos a pensar en la preparación del candidato para la labor que va a desempeñar.

Si Europa esta formada por 27 países, con sus distintos idiomas, diferentes culturas e infinitos intereses, ¿No sería entonces de rigor que buscásemos entre los ciudadanos más preparados y con ideas claras a nuestros líderes políticos? Podréis tacharme de utopista si queréis, pero es que no concibo la posibilidad de que una persona en edad de jubilarse, quemado por el poder político y que solamente habla un idioma pueda llegar a presidente de la Unión Europea. Y, por el momento, ese es el perfil de todos los presidentes de los países que conforman Europa, quienes al parecer, serán los futuros candidatos a su presidencia.

Este es un continente que necesita de nuevas ideas y esperanzas para enfrentarse a los cambios mundiales que se están produciendo, y dudo mucho que las encontremos en los señores que hasta ahora nos han gobernado.

Para dar el voto a un candidato a la presidencia de la Unión Europea, como mínimo, habría que exigirle que dominase el inglés, castellano, portugués y francés o alemán. Que tenga cuantas más titulaciones mejor, que le permitan tomar decisiones sin necesidad de apoyarse en todo un séquito de expertos. Que crea en Europa y proponga ideas arriesgadas. Que se encuentre en una edad de suficiente madurez y lucidez personal y política para ofrecernos sin miedo cosas nuevas. Y por supuesto, sin dejar de lado el carisma político, que gobierne administrativamente de forma impecable.

¿Creéis que es mucho pedir?

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