jueves, 1 de octubre de 2009

La lluvia de Londres

Londres es una ciudad para la lluvia. Sin días grises, se tiene la sensación de estar en el lugar equivocado. La arquitectura pierde sentido y no recuerdas muy bien si estás en Londres o en cualquier otro lugar. En verano, cuando el sol llega a brillar durante varios días seguidos, te preguntas qué estás haciendo en una ciudad que no está preparada para el calor, donde sudas a mares en los autobuses, bares y tiendas sin aire acondicionado. Puestos a pasar calor, mejor sería hacerlo en la playa, con cervecita barata y los típicos pinchos. El clima londinense del verano te incita a escapar de la ciudad, por muchas flores y festivales que haya. Sientes que en el resto del mundo se lo están pasando bomba disfrutando del verano, y que en Londres “ni chicha ni limoná”. Es increíble como acabas echando de menos la lluvia.

Al principio es diferente. Es duro cuando te acabas de instalar en la ciudad. Las nubes no te dejan ver el sol durante semanas en invierno, los días son húmedos, grises, fríos. Aquellos que venimos de tierras más cálidas, nos quejamos mucho por el mal tiempo, al principio en broma, después nos afecta de verdad, y por último acabamos asumiéndolo. Aprendemos a vivir con lluvia, a mirar la previsión del tiempo antes de salir de casa, a cargar con el paraguas todo el día, y a que la vida sigue a pesar de que el agua empape las calles y el frío duela en las orejitas todo el tiempo.

Desde ayer, en Londres las cosas están volviendo a su cauce. Los días amanecen grises y el fresquito se agradece por la mañana. Todo cobra sentido. Sabes que estás en Londres, que las cosas son así, y te alegras de que en invierno haga frío de verdad, y de quedarte para disfrutarlo un año más.

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